HISTORIA
Estamos en el año 1510 ...
Los jinetes se acercaban a la antigua fortaleza a lomo de sus corceles y con la intención de tomar el castillo. Iban armados con lanzas y espadas. Delante del castillo arde ya un gran fuego, el humo cruza el aire de la noche. Allí donde los antiguos romanos ya habían dejado sus huellas, la hierba ha vuelto a levantarse y la han hollado los caballos. Tras los muros de la fortaleza, los asediados están preparados para recibir el ataque. Los cañones se han llevado al puesto apropiado para mantener al enemigo alejado.
En la fortaleza se han puesto mujeres y niños a buen recaudo, y allá en lo alto de las almenas los vigías escrutan los movimientos del enemigo. Las hogueras alrededor pintan el cielo con un rojo de sangre, un “símbolo” que se ha cobrado muchas víctimas desde la noche de los tiempos. Algunos caballeros intentan escalar las murallas, pero los asediados vierten sobre ellos calderos de pez y los abandonan a una penosa muerte.
Esta noche, tal como relatan las crónicas posteriores, la lucha terminó sin mayor derramamiento de sangre.
En lo alto del cielo, a la vista de todos apareció de repente un ángel, abrió sus brazos y dijo a los hombres: “Soy el ángel guardián, el ángel de los hombres, el arcángel Gabriel.
¿Por qué os matáis entre vosotros? ¿Acaso no tenéis miedo del purgatorio, el infierno o el juicio de Dios?”
Dentro de la fortaleza, las mujeres se santiguaron y sujetaron con fuerza a sus hijos en brazos. También los hombres contemplaron la “señal” y se detuvieron. Los caballeros se arrodillaron delante de sus caballos. Una lluvia en forma de llanto descendió del cielo y apagó las llamas.
Por un momento reinó el silencio, un silencio tan absoluto que hasta se podía oír el latido de los corazones.
El ángel, rodeado por un rayo de luz, dijo: “Que esta fortaleza sirva de encuentro para los hombres y jamás se olvide esta noche”.
Han pasado siglos desde esta memorable jornada. El fortaleza “San Gabriele” ha modificado en numerosas ocasiones su apariencia y ha sobrevivido a varias épocas, pero nunca ha dejado de ser un edificio con gruesos muros en el que los hombres buscan protección. Las habitaciones siguen recordando a aquel año 1510. En muchos pequeños nichos brillan velas que transmiten una cálida luz. La chimenea emana su calor. Las llamas recuerdan en cierto modo a aquella célebre noche. Aquí y allá parece que se cruza uno con hombres de aquellos lejanos días, pero son personas de nuestro tiempo. Aquí estará usted protegido por San Gabriel, el ángel que guarda esta casa y cuya imagen puede encontrarse en el talismán del dueño del lugar. San Gabriel, el ángel guardián de nosotros, los hombres ...






